Sobre el Festival Literario por la Familia

Por las gestiones del personal del Subconsejo Temático de la Familia, hace unos años se desarrolla en La Ceja un Festival literario cuyo propósito es que los niños y jóvenes produzcan relatos conforme a una propuesta específica. La de este año era “En la familia en donde están las soluciones a todos los problemas”. Me delegaron la tarea de leer parte de los materiales que enviaron los participantes. Estos fueron mis hallazgos, los cuales compartí con los organizadores, que hicieron lo propio con el auditorio del día de la premiación.

  1. Encuentro que en muchos casos —los más— los niños y jóvenes presentan una fractura considerable en las alas de su imaginación. A la mayoría de textos les falta el discurrir del tiempo —herramienta esencial del relato— y está llena de los llamados “lugares comunes”, casi siempre innecesarios y presentes en la escritura como mera reproducción de esquemas. Muchos iniciaban con la fórmula Érase una vez en un país lejano llamado… y de inmediato pasaban a la numeración de los miembros de la familia sin usar verdaderamente ese recurso introductorio para sentar las bases del recorrido narrativo. Invito a los nuevos escritores a que se liberen, a que recompongan sus alas y vuelen, como lo hizo el caballo que tenía una niña en el bolsillo. Busquen y disfruten el Preguntario de Jairo Aníbal el colmo de lo Niño y verán cómo es de bueno volar.
  2. Algunos adultos no creen en sus propios niños y jóvenes. Les propician o cierran los ojos ante el plagio o les imponen la voz y el tono. El caso más triste fue el del relato que encontré que era una copia fidedigna de un texto de una página web española. Invito a los adultos a que alimenten la voz de los niños y a que la escuchen. Se sorprenderán de lo que dicen, como aquellos a los que les preguntaron ¿por qué hizo Dios a las madres? y respondieron “porque son las únicas que saben dónde están las cosas de la casa”; y ¿cómo las hizo?: “Yo creo que tardó mucho en hacerlas, pues mi papá dice que a veces las mujeres son muy complicadas”; y ¿qué ingredientes uso?: “yo creo que muchas flores”. Esto me llegó en un email de Marga López Díaz. Internet no es el problema.
  3. El tema de la familia les pesa mucho a los niños y jóvenes escritores; se centran en la propuesta que hace el Festival y olvidan, ya lo dije, la narración. Invito a los gestores de esta maravillosa iniciativa a depurar el modo como convocan al ejercicio de escribir, de manera que lo que prime sea la historia y no cumplir solo la disposición. Un hecho claro es que dos de los seleccionados dicen textualmente que “es en la familia en donde están las soluciones a todos los problemas”. Finalmente, invito a los colegas a incentivar en los escritores noveles el deseo de escucharse a sí mismos, de presentar las obras como algo que va a hablar de ellos, de lo que son; a ser los primeros críticos de su producción textual.

Ojalá estas palabras no se tornen demasiado molestas; las escribo por amor a las letras y porque veo en este concurso un inconmensurable potencial para la promoción de la lectoescritura.

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