La Virgen del Carmen

Foto: Wilson Rojas

No es necesario ser católico, cristiano, religioso o creyente para reconocer, con fe tranquila, o con objetividad escéptica, la hermosa herencia que la devoción por la Virgen del Carmen ha dejado a La Ceja desde sus mismos orígenes. En medio de las discusiones sobre los alcances de la libertad de cultos, que seguimos reclamando en justicia desde la constitución política del 91, no se nos debe olvidar –Dios nos guarde- que la vida religiosa de una comunidad, sea cual fuere, constituye una de las mayores fuentes de su riqueza cultural. Un simple vistazo al patrimonio cultural mundial, ahora desde la diversidad de creencias, demuestra cómo las religiones son también grandes canteras de creación estética y manifestaciones culturales invaluables.

Voces de Papel es, a Dios gracias, un periódico laico, ahora embelesado en deshojar con asombro las capas de la vida cultural de La Ceja del Tambo. Sin embargo, el azar, la fortuna –imperatrix mundi– o la divina providencia, hacen coincidir nuestro aniversario con las festividades de La Virgen del Carmen. De hecho uno de nuestros primeros reportajes en la edición virtual fue dedicado a los orígenes e importancia de la advocación del Monte Carmelo en nuestra villa.

Con tranquilidad escéptica dedicamos unos párrafos a la Virgen del Carmen, con esta mirada de los cinco años después, atraídos por las anécdotas que alrededor de esta devoción se alimentan.

Usted, querido lector, probablemente atrapado en el tradicional trancón de bocinas de los conductores de la región deberá proporcionar a su paciencia la comprensión de que es la virgen de los conductores y prácticamente de toda la cadena de valor alrededor del transporte; tanto como para que las empresas de transportes hayan decidido en ocasiones ser los alféreces o sponsor de las fiestas patronales. Usted querida lectora que nos hojea mientras espera la retreta del parque, coincidencialmente de la Banda Parroquial Nuestra Señora del Carmen, recordará cómo la Banda de Payuco, la mencionada banda parroquial, algunas bandas marciales, el órgano y los coros de la parroquia central han estado siempre dedicados a esta devoción, tanto como para que se hayan animado a ser también alféreces en otros momentos. Como anécdota de un devoto célebre, déjenos compartirle la imagen de Luciano Bravo, tesoro de la música Nacional, (el mismo del dueto Luciano y Conchalón, el mismo que propagó desde su Banda de El Retiro la fuerza de las bandas de vientos tradicionales en el oriente) lanzando los más cariñosos improperios a su virgencita, a la que amaba tanto que no le importaba manifestarle a voz viva, con unos tragos encima y en medio de las procesiones que era “…¡h$%&$mente hermosa¡ ¡M&$#¿*ida tan linda!…” Un amor tan sincero, abierto y ebrio que le valió algunas horas en un calabozo mientras otros músicos trataban de explicar que era una manifestación suya de amor a la virgen, todo lo contrario a un irrespeto…

En muchos de ustedes, queridos lectores, habrá empezado a crecer en este momento un sentimiento de orgullo, como una rama nueva en un árbol centenario. Usted que hace parte de alguna de las tantas familias que han sido alféreces de las fiestas, usted que trabaja en alguna de las tantas empresas que han elegido algún año portar la bandera que les encarga la festividad, o usted, que ha comprado el cirio, la novena, el escapulario, la imagen, para sentirse protegido y con la idea de entregar su granito de arena de manera que a mediados de Julio, y durante 10 días, La Ceja reitere sus encomiendas a la Virgen. En la iglesia sentirá la satisfacción de haber contribuido a alguna reforma, o de haber aportado para el cambio del vestido de La Crespita, o la renovación de instrumentos litúrgicos… Usted, entonces, hace parte de una tradición que en La Ceja inició en 1797 cuando José Pablo de Villa celebró por primera vez en nuestro suelo Las Fiestas a La Virgen del Carmen, “…y lo hizo con alférez…”. Una palabra de ajedrez impreciso, venida de términos militares y que se remonta al mundo árabe: “…El que está al lado del Rey –o La Reina en este caso-. El jinete que porta las banderas. La mano derecha del superior a cargo…” Otros de ustedes sentirán alguna nostalgia o sospecharán una sonrisa recordándose en uniforme de colegio, desfilando mientras algún familiar, vecino o compañero convenientemente enfermo los saluda desde la acera o el balcón. Recordarán el sabor de alguna comida de calle y el justo dolor de cuello que deja atisbar los fuegos pirotécnicos, al ritmo de las bandas de pueblo que amenizan la noche de vísperas.

Esta tradición de la Virgen del Carmen (Palabra insospechadamente apropiada para La Ceja en cuanto significa huerto o jardín), nos hace parte de una realidad cultural que también a usted, querido lector no creyente, también, como a nosotros, católicos, cristianos, miembros de otra religión, y a nosotros no creyentes, nos ampara y nos favorece.

Charlemos whatsapp