La costura de Dios

¿Dónde están los hilos, las hebras, con los que teje, entreteje, cose y remienda el ordenador o el devenir de todo esto?

La proporción matemática que se repite en cada uno de los trazos, como si guardara la fórmula secreta que infaltablemente vuelve en la manifestación de todas las formas; en la disposición de los tallos y la ubicación de las hojas de las plantas de maíz; en las axilas, los pecíolos, la base y el ápice de cada uno de estos paneles de estomas, que transforman la luz solar en otra energía, o en la misma, en los senderos y bifurcaciones que como un mapa único forman sus nervaduras; en un punto, que comienza a desplazarse y se envuelve y envuelve, desde el centro hacia afuera en el espiral que va formando el caparazón de un caracol; en la colocación de cada semilla puesta en la mitad de los girasoles, en todas las hélices, las líneas, las curvas, en giros y giros, hasta en los círculos húmedos y frescos de la última hoja de un helecho que todavía está por desenrollarse.

Aún con los patrones de una naturaleza que en el núcleo del genoma guarda la memoria para la replicación de todas las especies; la mezcla de todas las posibilidades es infinita, el fenotipo, la parte visible de todos los seres nos revela en su resultado una variabilidad, que cotidianamente, a cada instante, crea seres únicos, taxonómicamente nombrables y distinguibles pero individualmente impares, con un sello, un temperamento y una manera desigual de relacionarse con su medio, fruto del azar de la explosión genética propia, sin contar el lugar geográfico que le toca habitar en el universo.

Hoy Gustavo Adrián Cerati es quien le da el título a este escrito; después de su separación de Soda Stereo en mayo de 1997, hace el trabajo Bocanada en 1999, que fue su primer álbum como solista, y luego llega +BIEN en el 2001, que funcionó como la banda sonora para una película con el mismo título del disco; Cerati, era un arquitecto colosal del sonido, un veterano del pentagrama que después de 15 años siendo el cantante, guitarrista y principal compositor de una de las bandas más destacadas e influyentes del rock iberoamericano, nos aterriza en un trabajo instrumental con escasas voces, con sonidos eléctricos y
electrónicos que se amalgaman con una altísima ingeniería del audio.

+BIEN es como la revelación de una de las apneas profundas de Cerati, allí emula los cantos de las ballenas, el vuelo y trino de las aves, el calmado y estrepitoso palpitar de corazones; en sus composiciones y autorías es tan laberíntico como Borges, su coterráneo, es un disco eterno que nos hace pensar hasta en “La costura de Dios”, esa que muchas veces creemos inicia y termina en nosotros, cuando ilusamente pensamos que somos portadores del verdadero conocimiento, que somos candiles de la moral y del buen proceder; que como la iglesia a la que se enfrentó Copérnico, Galilei, y que quemó a Giordano Bruno en Fiori, Italia, en 1600, a sangre y hoguera mantenía como dogma la idea de que todos los astros giraban en torno a la tierra y que hoy, 420 años después, en nuestra miopía y necedad de volvernos a repetir, nos hace creer que aunque interactuamos, somos los únicos escogidos para ser escuchados, respetados y comprendidos.

Tan sólo 23 años luego de que la inquisición quemara a Bruno nace en Francia Blaise Pascal, que no obstante al nacer y formarse en la fe católica, en el seno de una familia aristocrática y tradicional de la época, fue ejemplo de que solo la unión de la razón con el corazón puede integrar la base del conocimiento humano, como forma más esencial del conocimiento pleno, a Nietzsche se le escuchó decir:


«Pascal, a quien casi amo, porque me ha enseñado infinitas cosas: el único cristiano lógico»; al cabo de muchos años, de grandes descubrimientos e invenciones como la calculadora, Pascal dijo una de las frases más bellas y profundas que nos recuerda la importancia y a la vez la minucia de todos los seres y elementos del universo: “La naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna”.

Entonces, si el centro del universo hoy podría ser la quietud budista de una piedra, el goteo en las hojas del monte después de cesar el temporal, los ojos hipnóticos que forma el plumaje del pavo real, el torbellino que danza un cardumen de sardinas en el océano pacífico o un grano, tan solo un grano de polvo del piso lunar, ¿por qué no atender de manera silente a la palabra que puede contar un hombre

provinciano sobre lo sencillo y lo cotidiano o sobre las ideas más elaboradas a partir del análisis, de la interpretación compleja de los fenómenos de la ciencia o al desmenuzar a la palabra misma?

La tertulia es quizás uno de los logros más grandes del hombre, si bien parece que esta palabra se originó en España en el tiempo de Felipe IV, quien reinó 44 años (1621-1665), ya que en ese período estaba en boga leer y discutir las obras de Tertuliano (160-245 d.C.), quien fue un prolífico escritor eclesiástico; allí sólo se acuñó el término, pues ya era vieja la costumbre de reunirse de los hombres, la misma que convocaba a los griegos a las ágoras; también a los primeros hombres que en torno al fuego se fueron reuniendo y expresando las ideas más elementales; sobre la expresión de las nuevas sensaciones del gusto, del olfato, la vista, de lo que implicaba dejar de comer carne cruda y ver a través del fuego recién domado, la mirada, el brillo sorpresivo y los gestos del otro que iban cambiando con el paladear la suavidad de las nuevas texturas, con la concentración de los sabores, ya no hubo retorno y con el fuego menguó la itinerancia, se aumentó la estancia y evolucionó el lenguaje.

Como lo dice el profesor universitario Carlos Mario González: “El registro en el lenguaje que lo estructura como sujeto, contexto histórico-social y vicisitudes de la historia personal, articulan la doble faz que cada uno de nosotros posee: la de ser singulares y la de reconocernos en una universalidad; la de ser semejantes a los otros humanos y la de ser diferentes con respecto a los demás. Doble rostro que debemos saber integrar para realizar nuestra propia existencia contando, al mismo tiempo, con la de nuestros congéneres”.

Cobra real sentido hacer tertulias más humanas, pero: ¿En qué que bloque histórico del humanismo nos ubicamos? a la manera de los greco- romanos y de los renacentistas? Para los cuales la dignidad humana era un asunto de las élites privilegiadas, solo en función de ser ciudadanos de la polis, en tanto que los renacentistas lo hacían en consideración a su capacidad de llevar a cabo una obra inmortal, como enfatiza el profe Carlos Mario, inmortal, no meramente famosa, o a la manera de la evolución del humanismo, que se sigue nutriendo con momentos notables, estelares como la ilustración, que nos renuevan la definición y nos acercan a un término que nos acoge a todos en función de poder llevar a cabo una buena vida.

Podemos decir que en estos momentos el ser humano si ha sido encumbrado por la visión humanista.

Orgánicamente somos lo mismo en esta esfera eterna, todos hacemos parte de la costura de Dios, por todos y cada uno pasó y pasa la aguja, aun cuando muchas veces aceleramos nuestra propia destrucción; también podemos renovarnos, casi siempre a través de la concientización y materialización de la palabra, esa que es como se lo narró Juan Sierra Ipuana, un palabrero wayúu al cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos:

“Una palabra bien dicha desarma al enemigo, acerca al que se encuentra lejos, abre las puertas clausuradas, alegra al que está triste y apaga los incendios alevosos. En cambio, cuando pronuncias una palabra altanera las palomas se vuelven halcones, los ríos se salen de madre, los mares se enfurecen y hasta el problema más inútil adquiere de repente la fuerza suficiente para destruirte”.

La tertulia debería ser como lo cita Borges hablando del Timeo de Platón: como la esfera, que es la figura más perfecta y más uniforme, porque todos los puntos de la superficie equidistan del centro.


Para saber más:

  • La Costura de Dios. Gustavo Adrián Cerati. Álbum: +BIEN, 2001.
  • ¿Tiene futuro el humanismo?. Carlos Mario González, profesor universitario, publicado en: Variaciones sobre la paciencia y la parsimonia, Fundación CONFIAR, marzo del 2016.
  • La palabra de Juan Sierra. Crónica de Alberto Salcedo Ramos publicada en el Libro: La eterna parranda. 2011
  • La esfera de Pascal, ensayo de Jorge Luis Borges. 1952

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