El Camino

ADVERTENCIA

“Todo lo que está muy bien escrito es detestable. Cada situación debe aparecer con el vestido que tenía mientras era vivida. El vestido y la música de su mundo propio.

Luego uno mira hacia adentro y se lleva los tesoros que quiso, allá estará uno con todo lo que miró”. 

Fernando González Ochoa

En esta novela, no se busca explicar nada. Nada se puede explicar.

Intento mostrar hechos y presencias míos, dolores hondos que el sucediéndose que soy ha tenido miedo de olvidar.

¡Qué putos diablos! Acá está lo que quise escribir, como lo quise. Es asunto de mi gusto. Esta aprobado por mí y tiene mi impronta.

Nadie muere.


El Camino

En el camino nunca se puede iniciar de cero, la composición de hechos, lugares y personas no tienen principio ni memoria, simplemente todo hace parte de la ilusión.

Aun así, sabiéndome engañado desde el principio, recuerdo la primera mañana que desperté y al mirar, inmóvil, la claraboya que daba al patio trasero de la casa, supe que era yo, me reconocí otra vez en el viaje, ya tenía 7 años.

La inmovilidad al despertar era la reacción de no querer iniciar el vivir, de renunciar al movimiento inherente y lleno de energía que impulsaba los pies a recorrer el mundo, de saber que no había salida, pero de cualquier modo era obligatorio hacerlo. Resignado, fijaba mis ojos en un viejo bombillo en el centro de un techo cuadriculado… Bueno, los ojos no estaban inmóviles, estos siempre jugaban a hacer formas en los cuadros del techo y a toda la habitación con miradas rápidas, ráfagas casi, para luego apretarlos tan fuerte como podía y generar en la oscuridad esa sensación de colores y formas entrañables que de algún modo calmaban las ansias o tal vez generaban hambre… En fin, a los 7 años se cansa uno rápidamente. De un salto dejaba mi cama, cruzaba la habitación contigua donde dormía mi abuela -era otro mundo, otro espacio que me generaba curiosidad- para por fin salir al patio que me comunicaba con la cocina donde estaba Adela sentada en una tarima, desgranando maíz, luego de haber dado desayuno a todos sus hermanos, sobrinos y gallinas.

La entrada a esa cocina era Azul, una puerta grande con un cerrojo de esos que usaban llaves antiguas para abrirlo, como para no dejar escapar ninguna historia. En su interior había un fogón de leña donde se asaban arepas y cubría de negro todo el espacio con el hollín que producía. Pensándolo bien era el lugar que muchas veces describen como Conciencia, un ambiente oscuro en el que converge toda la existencia humana, sus historias y pensamientos.

Aunque hayan pasado tantos años, recuerdo lúcidamente como Adela, al verme entrar por la gran puerta azul de la cocina, sufría un cambio drástico en su mirada; el misticismo se apoderaba de ella, su boca se llenaba de acertijos y refranes, apartaba la olla donde tenía el maíz desgranado, sacudía su delantal, ordenaba que me hicieran el desayuno mientras buscaba el sombrero negro de Cándido para coronarse y autoproclamarse como la hechicera que me ayudaría a desenredar la vida que acababa de iniciar.

Bienvenidos al Viaje, recorramos El Camino.

Ganador de Estímulos al Talento Creativo, 2015.
Género: Novela.
Se obtiene personalmente o contactando al escritor: 3102894563 

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