Carta para Von Humboldt

Carta para:

El Señor Alexander Von Humboldt.

Remite:

Hernán Castrillón Arias.

En días del más grande aislamiento global del que se pueda tener memoria, terminé de pintar las columnas y las vigas del techo del patio trasero donde reposan mis plantas, el color que elegí es el verde máquina, así se le dice a este tono que se utiliza para pintar despulpadoras de café y otros fierros del campo en Colombia; pendida de la estructura del techo hay un curazao, veranera o bougainvillea y recordé que fue nombrada así en honor al francés Bougainville y en quien usted estuvo esperanzado para viajar; con Bonpland en Marsella esperó infructuosamente cuando subían a la colina de Notre Dame de La Garde a mirar algún buque en el cual pudiera zarpar su expedición; mejor viajó a España para obtener el permiso de Carlos IV y de Madrid a La Coruña para embarcar en la fragata Pizarro durante 41 días, llegó a las Costas de Nueva Andalucía, hoy Venezuela; un trópico ardiente lo esperaba entre palmeras y plataneras y detrás del paisaje Cumaná.

En 1799 llegaba con la mirada poética de Goethe y con todo su rigor científico a hacer taxonomía a las indias; usted fue el primer científico que se alejó de la idea de la perspectiva antropocéntrica y habló de la relación del todo, hoy a más de 200 años de aquella gran correría le cuento que el 22 de junio del 2020 en época del coronavirus se compartió por internet el “concierto del bioceno”, 20 minutos de interpretación de “Crisantemi” de Puccini para un selecto auditorio de 2292 plantas distribuidas en todas las butacas y palcos en el Liceu Opera de Barcelona, esta instalación de Eugenio Ampudia fue escuchada atenta y serenamente entre el bamboleo foliar de los asistentes que en profundo silencio agradecieron el freno de nuestro ensordecedor ruido.

Alexander esta vez la música fue para la naturaleza, si, para ella que ha inspirado a miles de creadores durante los tiempos, solo por nombrar un instrumento y un hecho, el sonido del agua contenido en el palo de lluvia o llamador, es todo un ecosistema sonoro, donde podemos viajar en un tronco que contiene piedrecitas o semillas y en su golpeteo puede emular el escurrir del agua sobre las hojas, los troncos, las lianas y derivar en hilos de agua que al tributarse forman las grandes arterias hidrográficas, hasta llevarnos a la mar. ¿Cuántas veces a la orilla de un río con la algarabía de las chicharras y la danza de las hojas al pasar del viento hemos encontrado remanso para nuestros espíritus? hoy que las plantas se complazcan de la numeración en el teatro, y que este diminuto pero sentido gesto, sea una venia para ellas que tienen respuesta a muchas de nuestras congojas así sea desde su contemplación. 

La Ceja del Tambo,

Domingo 19 de julio del 2020.

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